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La mano de obra del futuro. Informe de Randstad y ESADE sobre la gestión de los trabajadores mayores.

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Más de 27.000 empresarios de 26 países han contribuido en este informe. EVA SUÁREZ

El envejecimiento de la población en la mayoría de los países desarrollados y el alargamiento de la esperanza de vida en condiciones normalmente saludables ha obligado a realizar nuevos planteamientos en el mercado laboral. La disminución del segmento de personas en edad de trabajar hace que no sea suficiente la oferta de trabajo para cubrir la demanda de empleados que necesita la economía.

Consciente de este problema, que ya ha sido analizado en otros países europeos, Randstad y el Instituto de Estudios Laborales de Esade han realizado un informe denominado Gestionar la Edad en la Sociedad del Conocimiento. El objetivo es descubrir la amplia capacidad de los profesionales de mayor edad en las empresas españolas para tratar de modificar las políticas de Recursos Humanos que imperan en la actualidad.

Para ampliar el segmento de la población activa, se han estudiado las condiciones laborales de trabajadores entre los 55 y los 71 años para comprobar si, a pesar de la edad, pueden hacer aportaciones positivas a los distintos sectores productivos. Más de 27.000 empresarios de 26 países diferentes han contribuido a realizar este informe, 1.044 de ellos en España.

Los resultados han dejado a muchos boquiabiertos. Se proponen instrumentos que ayuden a las empresas a conocer el enriquecimiento que puede suponer para sus plantillas el aumento del peso de la población de mayor edad. Además, se incita a convencer a los que están en esos tramos de edad de que su aportación económica puede ser muy valiosa. Para ello, señala el informe, los profesionales mayores deben cambiar los hábitos y considerar dentro de la normalidad que se retrase el abandono de la vida laboral. Esto sería posible si se modificasen los sistemas de retribuciones de las personas que dejan de trabajar entre los 55 y los 71 años para que, en adelante, en vez de estímulos favorables cambien de signo y sean un factor desestimulador.

Cambios demográficos

Según datos de la comisión Europea y el Instituto Nacional de Estadística, la estructura de la población en Europa apenas cambiará de aquí a 2050. Se estima que el segmento de la población menor de 15 años descienda en un 19% y que los habitantes en edad de trabajar (entre los 15 y los 64 años) también vean sus efectivos bajar en un 21% con respecto a los de 2004. Los únicos aumentos se darán, por tanto, en la población mayor de 65 años (en un 111%) y, más aún, en los mayores de 80 (con un 199%).

Los efectos económicos de la disminución del segmento de población en edad de trabajar se dejarán sentir con distinta intensidad en los próximos 40 años. Por este motivo, Randstad y el IEL Esade proponen un nuevo marco normativo de la relación laboral. Para prolongar la vida laboral y favorecer la retención de los trabajadores mayores, hay que conseguir un marco legal que favorezca y estimule la permanencia en la vida activa.

Como factores que pueden favorecer en esta decisión, el informe señala, en primer lugar, la regulación de la jubilación. Se estudian las ventajas y conveniencias de aumentar la edad requerida para tener derecho a una pensión completa (en la actualidad fijada en 65 años) y alargar los años de cotización (cifrados en 15 como mínimo).

El importe de la pensión es otro factor importante, como también lo es la flexibilidad del modelo en cuanto a la entrada y salida en la actividad laboral y la compatibilización de pensión y rentas de trabajo. Se deberían eliminar, según el informe, las barreras de edad para poder seguir contribuyendo y mejorar así la pensión futura.

¿Menos rendimiento?

El informe de Randstad y el IEL Esade pone en duda la validez de las teorías sobre la caída del rendimiento por la edad, ya que éstas se elaboran con experiencias de laboratorio «que tienen mucha artificialidad y no tienen en cuenta que el asalariado busca ajustar su estado funcional y las características de su tarea». Se entiende que los profesionales mayores, por contra, elaboran estrategias para compensar sus debilidades, tales como evitar esfuerzos, prever decisiones futuras, atender a experiencias que no obliguen a cargar la memoria, repartirse tareas, intentar un puesto de trabajo más en consonancia con sus posibilidades o combinar la experiencia profesional con la suya propia.

Esto demostraría que con una organización del trabajo más adecuada pueden desaparecer muchos de los problemas derivados del envejecimiento de los trabajadores.

Por último, el informe constata que las variaciones en las tasas de participación en el mercado de trabajo se deben más a intervenciones políticas que a la estructura de las edades. Esto ocurre, por ejemplo, con las prestaciones por incapacidad, que desestimulan volver al trabajo o con situaciones similares, como la recepción de incentivos para disfrutar de una jubilación anticipada.

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