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No todo se aprende en las aulas

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María L. Moratilla  La formación académica tiene mucho peso a la hora de dar el salto al mundo laboral, pero el éxito también depende de otras habilidades que no se imparten en clase.

Una persona puede ser un genio en lo suyo. Inteligente y sin renuncios donde pillarle. Pero a la hora de encauzar un futuro profesional, la cosa cada vez va menos de genios. De un tiempo a esta parte, las empresas tienen claro cuáles son las cualidades que buscan en su lista de candidatos, y dichas habilidades en la mayoría de los casos no aparecen en los programas académicos de las universidades. Las competencias profesionales y las habilidades sociales que se posean pueden marcar la diferencia entre estar dentro o fuera de una empresa.

Según un estudio de Accenture y Universia, las competencias profesionales están en terreno de nadie. Dicho informe reunió a titulados universitarios, empresas y universidades, quienes dejaron patentes las desviaciones y diferencias de opinión que existen entre los tres colectivos.

Así, por ejemplo, si los profesores universitarios se manifiestan en un 77% satisfechos con respecto a las competencias desarrolladas por los titulados, los empresarios rebajan ese nivel de satisfacción al 47%, y sólo uno de cada dos estudiantes que finalizan su carrera da un aprobado a su formación en estas materias.

Por competencias profesionales se entiende el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que sirven para desempeñar mejor un trabajo. Cada actividad profesional requiere unas habilidades específicas, pero existe cierto consenso entre los empleadores a la hora de dibujar un retrato robot del profesional ideal. Estas son algunas claves:


1 La Fundación Universidad-Empresa (FUE) desarrolló hace unos meses una página web (Quierounbuentrabajo.com) en la que, además de otros consejos y datos para allanar el camino profesional de los estudiantes, desvela las claves para convertirse en el mejor profesional y pone cada cosa en su sitio: aunque pueda parecer obvio, la formación del candidato es el primer paso para labrarse un futuro profesional.

Eso sí, la formación exige una puesta a punto continua de los conocimientos, el profesional no puede permitirse el lujo de quedarse obsoleto.

2 El caprichoso mundo profesional actual exige que los trabajadores sepan adecuarse a todo tipo de vaivenes. Los frecuentes cambios de guión que ocurren en las empresas necesitan de trabajadores que los interioricen cuanto antes, sin traumas.

Según un estudio de la empresa Laboris, la exigencia de flexibilidad ha ido ganando puestos con los años, ya que el clima profesional actual difiere del de hace unos años. El trabajador ideal ha de saber enfrentarse con nuevos escenarios y situaciones, y hacerlos suyos en el menor tiempo posible.

3 Lo del genio solitario está muy bien si eres jefe, pero las empresas buscan para sus plantillas personal que encaje en un equipo, que sume sus conocimientos a los de sus compañeros y juntos sepan resolver problemas y sacar el trabajo adelante.

Los compartimentos estancos han caído en desuso en las empresas: el trabajo en equipo fue una de las cualidades más repetidas y valoradas por los empresarios, según la investigación de Accenture y Universia. Ahora se lleva el equipo multidisciplinar, y hay que demostrar que se es capaz de relacionarse con los demás, que se posee empatía y capacidad resolutiva.

4 Es una de las habilidades sociales más valoradas por los gabinetes de recursos humanos. De nada sirve la mejor preparación académica si uno no sabe relacionarse con aquellos con los que ha de compartirla. El profesional que persiguen las empresas tiene que desenvolverse con soltura e interactuar en el mundo de los negocios, no sólo con sus compañeros, sino también con superiores, clientes, proveedores, etc.

Como todas las habilidades sociales son innatas a cada persona, sólo hay que saber trabajarla de la forma más adecuada. También es fundamental la habilidad para comunicar, que incluye saber escuchar, convencer y exponer las cosas de la forma más clara y ordenada posible.

5 En no pocas ocasiones se ironiza sobre el don del que hacen gala algunos estamentos superiores para aniquilar la capacidad creativa que pueden tener sus subordinados. Mero chiste o triste realidad, el caso es que los empresarios no tienen ningún problema en declarar abiertamente que la capacidad de crear e innovar dentro de la compañía suma puntos a la hora de decantarse por un candidato u otro.

Eso quiere decir que en el mercado laboral actual se busca y se valora sobremanera a aquellos trabajadores que generan nuevas ideas y dan enfoques diferentes.

6 Ningún jefe quiere que sus empleados estén pegados a sus faldas toda la jornada laboral. Cotizan al alza las personas organizadas, que gestionan bien su tiempo y no hacen perder el de los demás. Un trabajador capaz de autogestionarse es más productivo y eficaz.

Según confiesan los propios empleadores, el profesional no ha de tener miedo a la hora de tomar una decisión por sí mismo. Se valora tanto el resultado como la valentía a la hora de ser autosuficiente y de desempeñar las tareas encomendadas.

7 Tres cualidades muy buscadas y un buen trampolín para desarrollar una carrera profesional exitosa. La seguridad y confianza se transmiten desde la primera entrevista, así que hay que cultivarlas.

Un trabajador motivado y comprometido con el trabajo y con su empresa es presa codiciada en cualquier plantilla ya que, a decir de los empresarios, no son factores que abunden hoy día, además de perderse con facilidad según transcurre el tiempo. La rutina y el acomodamiento son los peores enemigos de todo profesional. Por muy genio que sea. 

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