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Las doce amenazas más frecuentes

Fuente María  Jesús Álava, psicóloga.

Autora de una veintena de libros, entre ellos la obra enciclopédica La psicología que nos ayuda a vivir (La esfera de los libros 2007), María Jesús Álava lleva más de veinticinco años compaginando la psicología clínica con la de empresa. A partir de su experiencia en «análisis y diagnóstico de las organizaciones», Álava, que dirige el grupo Álava Reyes Consultores, ha detectado las principales amenazas, para las que propone las correspondientes soluciones, al preciado valor del tiempo.

No tener claro qué quieres hacer. Si quieres hacer todo, tendrás la sensación de no poder hacer nada.

No decir no. Es mejor decir siempre no y llegar hasta donde dices que decir siempre sí y llegar hasta donde puedes. Así creas una insatisfacción permanente.

Incapacidad para delegar. Enseña, confía y delega. Búsqueda de la perfección. No saber simplificar es uno de los mayores derroches de tiempo.

Falta de planificación escrita y meditada. Haz una lista de tareas y aplica prioridades.

Desorganización de papeles. Una mesa permanentemente invadida de papeles equivale a personal ineficaz. Mantén la mesa organizada y, encima, sólo el material con el que trabajas.

Permitir la invasión de okupas. En esta categoría encajan, por ejemplo, las personas que se cuelan en los despachos sin ser invitadas. Cuando entren estas visitas inesperadas, levántate de la mesa, acompáñales a la puerta y diles cuándo podrás recibirlas. Tú marcas tu agenda. Reuniones. Normalmente, están muy mal dirigidas, se alargan mucho más de lo acordado y está convocada demasiada gente. Es fundamental fijar siempre una duración, empezar a la hora estipulada y respetar estos horarios. Si no las lleva alguien con habilidades directivas, no sirven para nada. Por supuesto, hay que prepararlas de antemano.

Teléfono, sobre todo móvil. El que llama sí controla el tiempo, y tú tienes derecho a controlar el tuyo y a no contestar. Hazlo más tarde, en el momento que tú decidas.

Correo electrónico. Ver un mensaje, aunque no contestes, supone una distracción que roba mucho tiempo. La opción sería: ponte una hora para ver el correo y no estés siempre pendiente.No poner hora. Tu mente trabaja de forma más dispersa y disminuye la capacidad de rendimiento. Hay que fijarse la hora de salida y de cada actividad programada. Si te marchas con la sensación de que no has hecho dos cosas importantes, al día siguiente gestionarás mejor tu tiempo.

Impuntualidad. Al cabo del día, varios retrasos de diez minutos son horas. Seamos puntuales y respetuosos con los horarios marcados.

Por último, María Jesús Álava propone que directivos y profesionales se hagan estas preguntas:
¿Cuál es mi realidad?
¿Qué dificultades puedo tener?
¿Qué mecanismos de defensa tengo ante los ladrones de tiempo?
Y, ¿cuáles me afectan más?
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