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La FP se consolida como una opción de calidad con gran salida laboral - Pero aún es víctima de prejuicios elitistas en la familia

Fuente J. A. AUNIÓN
El que sirve para estudiar, a la universidad. El que no, a Formación Profesional. Sonia de Marcos (19 años), que fue una de las mejores de su clase en bachillerato, sabe bien que falso tópico sigue vivo: como sacaba buenas notas, tanto en su casa como en su instituto insistían en que tenía que hacer una carrera universitaria en lugar de esa titulación de Formación Profesional, de técnico en mantenimiento de aviones, que se le había metido en la cabeza y que ha acabado haciendo de todas maneras.
"La mayoría va a tener en su vida varias profesiones" asegura un docente
Y eso que Sonia estudia en Puertollano un módulo de FP de grado superior, que exige el bachillerato para entrar, cuya enseñanza es buena y bastante dura -un reciente estudio entre los profesores madrileños dice que ven en ella más calidad que en el bachillerato-, y tiene unas más que buenas salidas laborales -una tasa de paro en menores de 30 años inferiores a la de los universitarios-.

Pero aun así, la FP de grado superior -no digamos la de grado medio, que se cursa tras obtener el título de ESO- no logra salir de pobre en el imaginario colectivo, esto es, no acaba de tener el prestigio que merece, por la formación que aporta y la multitud de salidas profesionales tiene. ¿Cómo dárselo? Cambiarla de nombre, acercarla a las empresas, proponen algunos, pero, sobre todo, darla bien a conocer.

De los alumnos que terminan la educación obligatoria, el 45% empieza una carrera universitaria durante los cuatro años siguientes, el 14% un curso de FP de grado medio (que exige el título de ESO para entrar) y otro 14% uno de grado superior, según una encuesta del Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Es evidente que en España, con un alto porcentaje de jóvenes que sólo estudian la educación obligatoria, casi el 30%, la gran mayoría de los que siguen se dirigen a la universidad. Lo cual es perfectamente comprensible, ya que los titulados universitarios son los que, a la larga, cobran más y gozan aún de mayor prestigio social. Pero hay multitud de voces que no creen que sea lo mejor para el desarrollo social y económico de un país que cada año salgan al mercado más titulados universitarios (cerca de 190.000) que la suma de titulados de las dos FP (alrededor de 150.000). "Todo el mundo tiene derecho a ir a la universidad, pero eso no significa que todo el mundo vaya", sostiene Francisco de Asís Blas Aritio, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y gran conocer de la FP español.

No es lo mismo estudiar una carrera que otra, como no es lo mismo estudiar un título de FP u otro, pero el resultado global es que en los últimos años las diferencias laborales entre unos y otros se han ido reduciendo. El aumento de los jóvenes con título universitario en sólo una década (del 20% al 27%) ha venido acompañado de una reducción de un tercio de las diferencias de salario entre ellos y los que tienen sólo la educación obligatoria.

Con esas diferencias de sueldo cada vez más estrechas, la FP se presenta como una salida más rápida (dura dos años) y segura al mercado laboral. Un ejemplo que ex extrapolable a otras partes de España: el 80% de los recién titulados profesionales en Galicia encuentra trabajo antes de seis meses, algo que sólo le ocurre a la mitad de los licenciados, según un estudio del Gobierno autónomo gallego.

Pero, de momento, los datos de graduados y alumnos de FP, en torno al medio millón, se muestran estables, aunque con grandes diferencias entre comunidades, con el País Vasco destacado a la cabeza. "Aún no ha penetrado suficientemente la idea de que la FP es una opción tan válida o más que la universidad. Todo el mundo reconoce que es fundamental para un país, pero si se le pregunta, ¿quiere que su hijo vaya a la universidad? se muestran renuentes", asegura Blas Aritio. Para ser exactos, el 76% de los padres de alumnos de 12 años y el 71% de los de 16 tiene la expectativa de que su hijo vaya a la universidad, según las últimas encuestas de Educación, de 2000 y 2003, respectivamente.

Sin embargo, el ministerio ve un punto de inflexión en el momento actual, asegura Soledad Iglesias, subdirectora general de Formación Profesional. La propia ministra de Educación, Mercedes Cabrera, aseguró la semana pasada que la FP "era hasta no hace mucho la alternativa educativa para quienes tenían bajos rendimientos en otro tipo de enseñanzas, pero hoy ya no es así, pues la Formación Profesional es una formación competitiva".

Sonia de Marcos, la alumna del Instituto Virgen de Gracia de Puertollano (Ciudad Real), es un ejemplo de ello. Los jóvenes, prácticos, conscientes de las buenas y rápidas salidas laborales de la FP, eligen sin complejos esta opción. Incluso, cada vez se ven más casos, como el de su compañero Carlos Ayala (26 años), que después de titularse en ingeniería técnica informática y de haber encontrado trabajo gracias a ese título, decidió matricularse en este curso de FP. Le atraía más la profesión de mantenimiento de aviones, con la que, además, algunos amigos suyos estaban ganando más que él como diplomado en informática.

La reforma educativa de los años noventa intentó prestigiar la formación profesional, exigiendo el título de ESO para entrar a la FP de grado medio, y el de bachillerato para el grado superior; hasta entonces ni siquiera era necesario haber aprobado la enseñanza obligatoria. Ahora para entrar en muchos de los títulos de grado superior hacen falta muy buenas notas (cuando hay más solicitudes que plazas, el expediente es el que cuenta).

En el centro de Puertollano, en el ciclo de Mantenimiento Aeromecánico, sólo un 10% de los alumnos es de esa localidad. Entre el resto, desde canarios, a mallorquines o gallegos. Hay que tener en cuenta que su título lo dan en colaboración el instituto público y la Fundación Virtus de formación tecnológica (participada por el Ayuntamiento, varias consejerías del Gobierno regional y varias cajas de ahorros, entre otros), que cuenta con unas espectaculares instalaciones y ofrece junto al título de FP el título oficial expedido por Aviación Civil. Como ocurre también en otros centros, los empleadores van a buscar allí trabajadores (más de un tercio de los titulados se quedan a trabajar en las empresas donde han hecho las prácticas obligatorias, según un estudio de las Cámaras de Comercio). Y si son mujeres, todavía mejor -ellas se concentran aún en profesiones como imagen, personal, sanidad o servicios socioculturales-. En el caso de las empresas de aviación, quieren mujeres "porque son más cuidadosas, más habilidosas, les dan más confianza", asegura el director del instituto, Alfredo Muela. Este centro es particular, pero la FP de grado superior cada vez ofrece mayor calidad, incluso con enseñanza bilingüe -por ejemplo, en Zaragoza- y con la extensión de las becas Erasmus para estos alumnos.

La falta de plazas, como en la universidad, depende de la titulación. Pero hay casos evidentes de falta de planificación, como el de la Comunidad de Madrid, donde en 2005 faltaron 3.600 plazas en los cursos más demandados, mientras en las otras sobraron más de 1.300, según los cálculos de CC OO. Para la directora del gabinete técnico de la Fundación Universidad Empresa, Marisol Pastor, lo que hay es una escasez de profesionales en el sector tecnológico en general, "y no sólo por la pujanza económica", asegura. En cualquier caso, y sin datos globales una vez más para toda España, los expertos sí perciben una mayor presión de la demanda en el grado superior y una escasez de la oferta. No así en el grado medio.

Quizá por ese prestigio que no le ha llegado aún, una de las pocas comparaciones internacionales hecha por la OCDE sobre la FP (la enorme heterogeneidad de sistemas en los distintos países obliga a cogerlas con pinzas), dice que sólo el 36% de los jóvenes españoles ha completado un curso profesional de enseñanzas medias. A pesar de que ahí se incluyen junto a los títulos de grado medio las enseñanzas de artes plásticas y diseño, las deportivas, las escuelas de idioma, incluso los cursos que no conducen a certificado alguno, la cifra está muy lejos de la media europea, del 54%, y de países como Italia (67%), Alemania (62%) o Finlandia (81%, muchos alumnos lo cursan antes de ir a la universidad). Sin embargo, la tasa de titulados en FP superior, del 17%, está ocho puntos por encima de la media europea. En cuanto a titulados universitarios, el 33%, está dos puntos por debajo de esa media.

Sólo 3 de cada 20 alumnos que terminan la ESO eligen la FP de grado medio en lugar del bachillerato, según una encuesta del INE y del Ministerio de Educación. Algunos de los que empiezan bachillerato y no les va bien se les unen después, pero entre los que eligieron la enseñanza profesional en primer lugar la principal razón es que les costó mucho sacarse el título de enseñanza obligatoria, aseguran los expertos, y refuerza un estudio hecho entre varios grupos de alumnos catalanes por el profesor de Sociología de la Autónoma de Barcelona Rafael Merino.

Uno de los objetivos del Ministerio de Educación es reconducir al grado medio al alto porcentaje de alumnos que no logra el título de enseñanza obligatoria, en torno al 30%. Lo quiere hacer flexibilizando la entrada desde los cursos profesionales (programas de cualificación profesional inicial) en los que pueden entrar esos jóvenes a los 15 años. Cuando hizo la semana pasada recapitulación de lo que se ha hecho en FP esta legislatura, Mercedes Cabrera hablaba de la revisión de los títulos, por ejemplo, para convalidar asignaturas de sus cursos en la universidad.

Así lo hizo la española de origen persa Nogol Moazzami (25 años), que recibió el premio nacional de FP por su expediente en el título de estética. Ahora trabaja en ello mientras está a punto de terminar la carrera de Fisioterapia. Además de la necesidad de prestigiar la FP, el director del Instituto de Dirección y Organización de Empresas de la Universidad de Alcalá de Henares, Santiago García Echevarría, insiste precisamente en que formarse como profesional no quita para que luego se vaya a la universidad.

En cualquier caso, a García Echevarría le parece "un error tener más gente en la universidad que en la FP". "Al final, en España hacen falta mandos medios, tenemos a un montón de universitarios haciendo esos trabajos, para los que no tienen una formación práctica adecuada", asegura. La solución, continúa, pasa por los programas integrados entre las empresas y los centros de estudio, como ya se está empezando a hacer en el País Vasco. Pone el ejemplo de Alemania, donde la FP goza de un gran prestigio (independientemente de su cuestionado sistema que segrega y aboca a la universidad o la FP en torno a los 11 años).

Una de las críticas más repetidas por la falta de alumnos en la FP va dirigida a los orientadores de los centros escolares, por no aconsejar mejor a sus alumnos. El pedagogo y orientador del instituto Llanes de Sevilla Eduardo Herrera se defiende asegurando que muchas veces hay un profesional para 900 alumnos y que esa labor es de todos los docentes. Pero, sobre todo, Herrera le quita importancia al tema de las salidas laborales, siempre cambiantes, e insiste en que lo importante es la calidad de la educación, sea cual sea, ya que "la mayoría de los jóvenes va a tener durante su vida varias profesiones distintas".
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